Afroamérica

Conflicto epistemológico ante el colonialismo cultural de Occidente


Ponencia del Licenciado David Cámara para la Sección Temática:
Conflictos en la formación de la identidad nacional
correspondiente al Primer Congreso Internacional Conflictos culturales en la Literatura Contemporánea
organizado por el Recinto Universitario de Mayagüéz de La Universidad de Puerto Rico del 3 al 8 de febrero de 1991.


¿Es la cultura expresión del conocimiento humano de la Naturaleza?.


Puede entenderse que la cultura es una dimensión de la consciencia humana que permite que un conglomerado social dado, tenga un determinado conocimiento de la realidad que posibilite su identidad con la Naturaleza.

En otras palabras, el nivel de evolución de una cultura puede ser evaluado por la capacidad de su conocimiento para interpretar la realidad en beneficio de la especie humana.

Esa consideración, esencia de los más elevados preceptos humanistas generados por la cultura Occidental, es el principal motivo de conflicto para la identidad del Ser humano en la realidad social contemporánea.

Cuando Alejo Carpentier, en El Reino de este Mundo dice que: "Un tambor puede significar algo más que una piel de chivo sobre un tronco de madera ahuecado", sus palabras proponen la existencia de un conflicto que, en el análisis epistemológico, se entiende como una evidencia del ascesis de la conciencia afroamericana para comprender la incapacidad de la cultura occidental de interpretar los profundos significados de la realidad.

Ese ascesis, ese estadio de conocimiento de la realidad de un tambor, que para un pensamiento condicionado por los fundamentos epistemológicos de la cultura occidental puede estar limitado a un significado musical, o de comunicación entre grupos humanos separados por las distancias auditivas de la selva tropical, es para un africano de la tradición bakonga o yorubá, un instrumento ritual y de conocimiento, capaz de estimular sus vibraciones bioenergéticas y tramutarlas a dimensiones superiores del Ser, en cuanto materia ecológica que vibra, según su frecuencia energética, en diferentes dimensiones de la materia kósmica.

A propósito de este Primer Congreso Internacional sobre los Conflictos Culturales en la Literatura Contemporánea y de esos elevados preceptos que nos reunen ante este importante foro de personalidades intelectuales expertas en las diferentes disciplinas humanistas, me permito invocar a los espíritus del "tzité", el café, el tabaco, la cocuiza y el maguey para propiciar las buenas vibraciones del Cemí, y de Elegguá en las interpretaciones del augurio que nos ofrece el piache que, en las consagraciones rituales, bebió de la mano del Consejo de los Jefes la sabiduría de los Constructores, los Formadores, los Procreadores, los Engendradores: los Maestros Magos del Alba y el Dia, los Poderosos del Cielo, Espíritus de los Lagos y del Mar, los de la Verde Jadeíta y de la Verde Copa y ha logrado armonizar su materia con las vibraciones de La Tierra, Ntoto, La Luna, Mposi, y el Sol, Ntango, para ser "justo de voz" y que se entienda su mensaje como una iniciación en los misterios de la realidad afroamericana que la dimensión de la conciencia occidental no ha podido comprender, generando con su incapacidad de lograr el ascesis al conocimiento pleno de la realidad, la enajenación de gran parte de la especie humana de la Naturaleza.

Entonces, transfigurado por la fuerza de todas las Potencias invocadas, hablo "Justo de Voz":

La historia de las civilizaciones demuestra la existencia de épocas en las que el conocimiento del Ser y la Naturaleza ha estado determinado por los diferentes niveles de consciencia humana y que esos mismos niveles de consciencia han determinado la posición que la especie humana ha ocupado dentro del contexto de la Naturaleza.

Durante las etapas más remotas de nuestra data histórica, el pensamiento humano accedió a la concepción del planeta Tierra como centro del Universo y se adoró al Sol como fuente energética capaz de propiciar la luz dadora de la vida, y a La Luna por su magnetismo fecundor de las corrientes del agua tramutada en la respiración del árbol y se reverenciaba a La Tierra antes de herirla para que fuera benévolo el germinar de la simiente necesaria para perpetuar la vida de una especie cuya identidad era la esencia misma de la Naturaleza.

Posteriormente, proyectado por nuevas condiciones sociales y económicas, el pensamiento humano tuvo el ascesis a la concepcion del "Hombre", -no la mujer-, como centro del Universo.
La concepción antropocéntrica marcó el inicio del programa de desarrollo vertical de la especie humana, a la que se atribuye predominio sobre todas las manifestaciones de vida ecologica.

Ese programa para el desarrollo humano alcanza su cénit con el ascesis a la concepción teocéntrica en la que Dios se constituye en centro del Universo:

comienza a manifestarse en la cultura un proceso de enajenación humana de la Naturaleza, que culmina con la concepción de un Dios hecho a la imagen y semejanza del "Hombre" que, sin identidad ante el Ser que lo complementa como especie, la mujer, y sin identidad en cuanto materia ecologica ante la Naturaleza, se convierte en un enajenado cuyo único soporte es su Dios, al cual, en venganza, -supongo-, a su vez convierte en instrumento ideológico de colonización de la especie en función de sus intereses en la sociedad.

. Consciente de la necesidad de transculturar para perpetuar la colonización y para mantener el nivel de enajenación del Ser, en cuanto humano, de su relación ecológica con La Naturaleza, los intereses creados por el "Hombre" fundamentan La Doctrina Humanista condicionada por los preceptos escolásticos cuyos cánones, y dogmas, --sustentados en la hegemonía de La Idea concebida sobre la realidad, impuestos desde hace 2,000 años en los sistemas de enseñanza social para manipular y controlar la información que sirve de base al conocimiento humano--, han determinado que, aun en la actualidad, los fundamentos epistemológicos de la cultura occidental impidan que gran parte de la especie bajo su dominio asuma el nivel de consciencia que le permita materializar las razones de su enajenación y propiciar su identificación con la Naturaleza de la que forma parte.

El deterioro del equilibrio emocional y síquico del Ser social y el consecuente deterioro dcl ámbito ecológico terrestre, cada dia en mayor peligro de extinción por efectos del desarrollismo generado por la civilización occidental, es la "mejor" muestra antropológica de ese proceso de enajenación humana.

Asi habló el piache. Los presentes descubrieron que habian transitado por otro estado de consciencia, donde la información condicionaba otro conocimiento de la realidad; aunque algunos pensaron que se habian transportado a "la otra realidad"; en ambos casos, es posible, todo es posible en Afroamérica:
civilización versus barbarie, indigenismo, paisajismo, introspección reflexiva, realismo mágico o realidad maravillosa donde el Ser, consciente de su naturaleza ecológica, con los rudimentos de un lenguaje que puede estar preñado de mil connotaciones, se aproxima intuitivamente a la imagen literaria que lo identifica, a la imagen mistérica de esa, "La otra realidad" a la que pertenece.

Es esa búsqueda por expresar su esencia, su identidad trascendente, la que define a la cultura afroamericana.
Esa definición, en medio de una realidad global, planetaria, secularizada y tecnológica, germinará en los estudiosos que la divulgarán, posibilitando el ascesis de las futuras generaciones a estadios superiores de consciencia, que permitan la integración y asimilación de los valores positivos para la interpretación de la realidad que poseen todas las culturas y con ello gestar una nueva era de realizaciones humanas que permitan la identidad ecológica de la especie.

Yo, un Ser consciente de su naturaleza ecológica en cuanto materia que se manifiesta a partir de la tramutación de las esencias de la Naturaleza; un Ser consciente de la potencia vibratoria de su Nombre, evocado para esgrimir la onda que derribe el dominio del gigante; un Ser identificado con mi cultura afroamericana, soy el resultado de un proceso histórico que estaba destinado a crear un Nuevo Mundo; mi presencia ante Ustedes tiene corno objeto demostrar que lo hemos alcanzado, que, solo con haber transfigurado el pólen, hemos fecundado la esperanza de la flor.


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Last Updated on January 22,2008 by David Camara

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